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Te presentamos “Diario de Viaje” la nueva columna de Francisco Pancho Flores

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Diario de Viaje Pancho FLores

#01 - Una Oración Simple

¿Qué tienen en común Juan Pablo II , la princesa Diana de Gales, Dom Hélder Câmara, la Madre Teresa de Calcuta , Giuseppe Lanza del Vasto, Benedicto XV, Los Caballeros de la Paz, Leonardo Boff, Indira Gandhi y los Alcohólicos Anónimos? Por favor, ¡que nadie saque conclusiones apresuradas! Todos ellos, en algún momento han citado y/o rezado públicamente la oración de la que intentaremos hablar.


Erróneamente atribuida a San Francisco de Asís, se sabe, por un estudio del académico francés Christian Renoux, que el registro más antiguo de esta oración lo constituye su aparición en el número de Diciembre de 1912 de la revista católica francesa La Clochette (‘la campanilla’), con el título “Una hermosa oración para decir durante la Misa”. Esa publicación fue fundada en Octubre de 1901 por el sacerdote y periodista abad Esther Auguste Bouquerel, y algunos opinan que lo más probable es que él mismo fuese el autor. Lo que siguió luego fue un fenómeno que podríamos llamar, haciendo una analogía con la actualidad, “viralización”: comenzó a ser replicada en numerosas publicaciones religiosas del Viejo Continente. Claro que para que algo sea viralizado tiene que haber un contexto apropiado, una situación que favorezca la viralización de ese contenido; y ese contexto fue la Primera Guerra Mundial.

Comenzado el conflicto, esta oración fue publicada varias veces como una forma de plegaria en medio de la violencia creciente, hasta que en 1916 Benedicto XV la hizo publicar, traducida al italiano, en la primera plana de L´Osservatore Romano, el diario del Vaticano. A partir de allí fue traducida a numerosos idiomas, siendo divulgada en todo el globo y en diferentes denominaciones cristianas. Su coincidencia con el ideal franciscano, y el hecho de que se hayan impreso estampitas con la imagen del santo de un lado y esta oración del otro, ayudaron a consolidar la versión de que San Francisco era su autor. Durante la Segunda Guerra Mundial, el Cardenal Francis Spellman, arzobispo de Nueva York, hizo una campaña para distribuir millones de copias de esta plegaria, que así se volvió universalmente conocida.
Más allá de quién haya sido su autor, nació como una plegaria sincera en un tiempo convulsionado, en un mundo acechado por las sombras de la violencia y de la guerra, y ha sido, para millones de personas, una luz de esperanza. Aún hoy, en un mundo con nuevos desafíos y donde la paz sigue siendo una utopía para millones de personas, esta humilde plegaria nos recuerda que todos podemos aportar a la paz, desde nuestra pequeñez, siendo instrumentos del amor de Dios.
Para terminar (y para comenzar este “Diario de Viaje”), comparto el video de uno de los “Murales por la Paz”, proyecto de mi amigo Cristian Camargo (@crisdibujante92) y los amigos de la ONG colombiana Aguapanelazo (@aguapanelazo), a quienes tuve la bendición de acompañar por El Salvador, Guatemala y Colombia. El video está musicalizado con una versión de esta Oración Simple, que grabamos con Filocalia (@filocalia_arg). El mural fue realizado en el barrio Soyapango de San Salvador, como parte del tour Murales por la Paz, en Septiembre del presente año.

Link:

Texto de la oración (traducido al español de la versión original):

Señor, haz de mí un instrumento de tu paz:
donde haya odio, ponga yo amor,
donde haya ofensa, ponga yo perdón,
donde haya discordia, ponga yo unión,
donde haya error, ponga yo verdad,
donde haya duda, ponga yo la fe,
donde haya desesperación, ponga yo esperanza,
donde haya tinieblas, ponga yo luz,
donde haya tristeza, ponga yo alegría.
Oh Maestro, que no busque yo tanto
ser consolado como consolar,
ser comprendido como comprender,
ser amado como amar.
Porque dando se recibe,
olvidando se encuentra,
perdonando se es perdonado,
y muriendo se resucita a la vida eterna.

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